La sinuosidad vital: el mito de la salud perfecta

Aunque la publicidad se empeña en convencernos sobre el estado ideal de la salud, lo cierto es que no existe la salud absoluta que podríamos definir, recordando aquí las palabras de la Organización Mundial de la Salud, como un estado de bienestar integral que abarca lo físico junto a lo mental y lo social.

Así, podríamos describir la salud como un estado que evoluciona en el tiempo entre extremos negativos y positivos, interpretados como excesos o deficiencias energéticas que, al llegar a estados extremos (picos y valles de la frecuencia vital), ocasionan la enfermedad (figura 1). El estado de salud perfecto, ese casi imposible de alcanzar, es justo el estado armónico central (en la gráfica). Es decir, estar muy cerca de ese punto intermedio en el que nuestro cuerpo gestiona exactamente el nivel de energía necesario (sin exceso y sin defecto).

Los estados energéticos negativos extremos están detrás de las enfermedades más graves, llegando al fin de la vida en el punto más crítico. Nuestra energía desaparece. De aquí se deducen los principios de desarmonía que tienen su origen en la energía vital disponible para el organismo. Como en la naturaleza, nada trabaja, nada corre, nada se mueve sin una cantidad suficiente de energía. La armonía, o desarmonía, se fundamenta en ese principio básico de la existencia humana y su lugar en el universo.

A principios de la década de los setenta del pasado siglo XX, un equipo de investigadores franceses aportó evidencias científicas de la existencia de los meridianos energéticos que la medicina tradicional china, y en concreto la acupuntura, describían. Inyectando una substancia radiactiva en determinados lugares de la piel y utilizando el método de la escintigrafía, pudo comprobarse, efectivamente, la existencia de 12 meridianos claves que entretejen el cuerpo humano en un complejo sistema de canales energéticos.

Aún cuando nos sentimos sanos tenemos la obligación individual de fomentar el bienestar integral de nuestra vida, es decir, el cuidado y la atención preventiva de nuestro cuerpo. Cuando equilibramos una insuficiencia energética, provocamos una mejoría en las funciones vitales del órgano en cuestión. Y con la ayuda de los fitoelementos y las bioinformaciones eliminamos las toxinas del cuerpo, en un proceso que se multiplica con el uso continuado de los productos Energy.

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