Korolen ante una lesión cerebral

Korolen ante una lesión cerebral

Un testimonio tremendo y desgarrador, con un final feliz, en el que una enfermedad que la ciencia médica considera hoy día incurable está siendo tratada, en Hungría, con resultados muy satisfactorios y prometedores.

La enfermedad de mi hijo Adam es poco común, ya que de cada millón de niños nacidos, tan sólo uno padece esta enfermedad. Fue provocada por una vacunación obligatoria en la que su sistema inmunológico dio un giro de 180 grados volviendo sus propias defensas contra él, y afectando así a la zona más delicada del cuerpo, el cerebro. Esta enfermedad es conocida como el Síndrome de Rassmusen. Debido a este problema mi hijo se ha visto obligado a someterse numerosas veces a intervenciones quirúrgicas.

A pesar de que nació como un niño sano, sus capacidades emocionales han cambiado de un modo drástico y vive sólo con la mitad del cerebro y la mitad de su cuerpo está paralizada. Siendo su caso tan drástico agradecemos, sin embargo, enormemente a nuestro médico, ya que si él no hubiese estado a nuestro lado, hoy por hoy mi hijo no estaría vivo. El doctor que nos atendió es un gran profesional plenamente consciente y perseverante en su trabajo, que probó todo tipo de posibilidades médicas para salvarlo con lo que hoy en día nos brinda la medicina alopática.

Aunque Adam salió de su propio infierno como un auténtico héroe, sus síntomas no mejoraron. Día a día vivía torturado por los constantes ataques epilépticos. Mientras tanto yo me mantenía en una posición observadora agarrándome a cualquier información o novedad que pudiera ayudar a mi hijo. Investigué, pregunté y probé todas las formas posibles de ayudarlo.

Hemos hecho grandes esfuerzos por pagar numerosos productos milagro que, muy a mi pesar, el nombre les quedaba grande. Todo se agravó aún más cuando el padre de Adam nos abandonó, pero tanto mi hijo como yo seguimos luchando.

En un curso conocí a un terapeuta fantástico, después de que escuchara amablemente mi situación, me aconsejó que le diera a mi hijo Korolen. Las instrucciones eran sencillas, una sola gota de Korolen diluida en una botella de agua que debería ir tomando durante el día. Lo que verdaderamente me sorprendió es la poca cantidad que debía tomar. Mi hijo estaba en tratamiento médico pero al mismo tiempo estaba tomando su bebida con la gotita.

Las buenas noticias no tardaron en llegar. Después del primer día de tomar Korolen pudo dormir tranquilamente toda la tarde.

¡¡Durmió plácidamente durante horas, sin que sus repetidos calambres le molestaran!! ¡¡Realmente increíble!!

Unos días más tarde apareció una reacción reversible, me asusté, pero mi terapeuta me aconsejó que siguiera con la gomita de Korolen pero variando su dosis, esta vez no era necesario ir bebiendo de la botella durante el día, la dosis disminuyó a únicamente dos cucharadas de agua con Korolen antes de cada comida.

Por fin nuevamente una buena noticia, al tiempo de seguir las instrucciones del terapeuta sorprendentemente desapareció la epilepsia considerada como una enfermedad incurable.
¿Es realmente posible que una dosis tan pequeña pueda conseguir un cometido tan grande?

Seguimos paso a paso y de manera progresiva estamos subiendo la dosis, sin duda estamos avanzando muy positivamente, por fin podemos suspirar tranquilos, incluso yo empecé a tomar los productos de Energy.

Agradezco los consejos y la ayuda proporcionada por nuestros médicos y nuestro terapeuta. Doy mis más sinceros agradecimientos a Energy por facilitarme este maravilloso producto, Korolen. Nuestra gratitud no tiene palabras.

Ilona LAJKÓ , Azód (Hungría)
Testimonio publicado en la revista VITAE nº15

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