ARTRIN IN MEMORIAM

ARTRIN IN MEMORIAM

Hace escasas fechas le pedí a mi abuelo, José María Martínez-Peñuela, de 98 años, que escribiese un testimonio para Energy. Él me dijo: «bueno, nieto, cuando estés por aquí, en Pamplona, lo escribimos, con mucho gusto». Lamentablemente, el destino quiso que pasara a mejor vida el pasado 8 de junio de 2014. Así que cumplo en estas líneas con su deseo, y también a modo de homenaje a un hombre ejemplar.

OJosé María Martínez-Peñuela fue médico, analista, anátomo-patólogo, humanista, superviviente, deportista, pionero, vanguardista, emprendedor, académico, diputado, padre de 7 hijos, abuelo de 20 nietos y bisabuelo de 13 biznietos. Amante de los libros, de su familia, investigador incesante, gran conversador, abierto a nuevos horizontes y curioso por naturaleza. Bondadoso, generoso, caritativo y empeñado en mejorar el mundo, ese mundo en el que hoy vivimos, gracias a gente como él.

Un buen día, hace escasos dos años, en su casa, me enseñó uno de sus tobillos, tan hinchado y edematoso que doblaba en tamaño al otro. Al tiempo, utilizaba una férula para poder descansar su muñeca derecha. Se quejaba de los hombros, de no poder caminar cómodamente (fue operado de cadera) y de su muñeca. Apuntar además que siempre tuvo cifras de ácido úrico en sangre por encima de lo normal, sin padecer gota. Todo aquello le impedía practicar su deporte favorito, el único que le mantenía con ilusión: el golf. Nada más verle pensé que Artrin podía ayudarle. Aún así, saqué mi antena de radiestesia y testé si era la crema más adecuada, y así fue. Llevaba conmigo un envase y se lo apliqué directamente en los dos tobillos y en la muñeca. Al día siguiente, y para su sorpresa, el diámetro del tobillo enfermo era casi el mismo que el del tobillo sano. Le recomendé que le aplicaran la crema dos veces diariamente en ambos tobillos y planta de los pies, y en la muñeca durante un mes… y al cabo de ese tiempo se encontraba tan bien que volvió a jugar al golf sin molestias. Posteriormente siguió utilizando la crema… en formato XXL claro está. Nancy, la persona que les atendía en casa con gran afecto y humanidad (gracias, Nancy), se encargaba de darle buenas friegas con Artrin en los pies. Cuando le visitaba me decía que no sabía muy bien cómo describir lo que le estaba pasando en sus articulaciones, «es como si se me estuvieran regenerando por dentro».

Posteriormente, en otra ocasión, supe por mi madre que llevaba días con una tos muy molesta. Le llamé para interesarme por su estado y efectivamente, la tos era muy latosa. Le testé con radiestesia y le pregunté si había dejado ya de usar Artrin. Me dijo: «sí, se me ha acabado hace unos días», así que le envié otro envase y le sugerí que lo usara también en la cara y el pecho: En 12 horas la tos había remitido del todo. Mi abuelo leyó con gran interés todas las revistas Vitae que le iba llevando en mis visitas y también quedó fascinado con la investigación realizada con el análisis de sangre en vivo.

Muchas gracias abuelo. Te quiero. Descansa en paz.

Guillermo González-Castelao Martínez-Peñuela
9 de junio de 2014

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